Select Page

Por Florencia Romano, Country Manager Grupo RUA Uruguay

Varias son las teorías y autores que definen qué es el liderazgo, qué se necesita para ser un ¨buen o buena líder¨ y qué debemos o no debemos hacer para que nuestros equipos de trabajo, y las organizaciones en general, alcancen sus objetivos. 

Todo parece simple y fácil de aplicar, hasta el momento en el que tomamos real conciencia de que somos personas quienes estamos interactuando y que, en ese encuentro con un otro, prevalecen múltiples factores que nos atraviesan y que determinan el camino que transitamos. 

Estos factores, que tienden a ser muy propios de cada persona, asumen un rol particularmente más protagónico cuando el contexto es de crisis. Y con crisis no me refiero a algo estrictamente negativo, sino a un escenario de movimiento, cambio y transformación. Algo que suele suceder cada vez más en las organizaciones de trabajo, sean del tamaño y rubro que sean. Ningún lugar está exento de cambio si quiere subsistir.   

Mi invitación con este artículo es a reflexionar sobre qué nos atraviesa como seres humanos que nos desempeñamos en una organización de trabajo cuando el escenario es cambiante, cuando las expectativas de los colaboradores son múltiples y dispares, y cuando quizá se presenta la incertidumbre más de lo común. 

Y concretamente a preguntarnos: ¿Qué hacemos como líderes para velar por un correcto funcionamiento de nuestras empresas, al mismo tiempo que acompañamos y validamos lo que están atravesando nuestros colaboradores?  

A continuación, comparto algunas prácticas que he adoptado desde mi experiencia luego de varios meses de trabajo junto a mi equipo, en un contexto muy particular propiciado por la pandemia del coronavirus, pero también, de plena transformación de nuestra empresa.  

  • Adoptar y contagiar una actitud resiliente: La resiliencia entendida como la capacidad de sortear situaciones desfavorables de la mejor forma posible. O, en otras palabras, lo que a mí me gusta decir: ¨transformar crisis en oportunidad¨. En este sentido no todos y todas van a actuar de forma similar, pero entiendo muy importante que nosotros como líderes trabajemos para que la resiliencia sea una habilidad cada vez más presente en nuestro día a día. 
     
  • Visualizar el poder de la comunicación: Por un lado, la comunicación como proceso de trabajo, que cada vez es visto como más estratégico en las empresas, y, por otro lado, como habilidad blanda que podemos mejorar. La comunicación, por naturaleza, siempre tendrá ¨ruido¨. Ese ruido o puente es lo que se genera entre lo que intentamos transmitir y lo que interpreta el resto, desde su propia subjetividad. Entonces el desafío es mejorar nuestra habilidad de comunicación, que sea cada vez más asertiva y acortar esa brecha para que nuestros mensajes lleguen de forma clara y efectiva. 
     
  • Ser empáticos: La empatía nos permite posicionarnos desde un lugar horizontal y de cercanía. En tiempos en donde la virtualidad ha tomado protagonismo, tenemos que hacer un esfuerzo mayor en contextualizar, preguntar y habilitar el intercambio que nos permita hacernos de toda la información posible para lograr comprender las preocupaciones e incertidumbres de los otros. No siempre podremos dar todas las respuestas que se esperan o resolver todas las inquietudes que surjan, para ya desde una honesta comprensión y acompañamiento, estaremos haciendo muchísimo. 
     
  • Abrazar la diversidad: Más que nunca, estemos abiertos a todo tipo de expresión y elección personal de vida. En tiempos de crisis las organizaciones de trabajo deben ser, más que nunca, lugares seguros para que todas las personas que hacen parte de la misma puedan manifestarse en su ser persona con libertad. Asegurar un ambiente en el que un colaborador pueda sentir que vive de forma plena quien es, sin juicios ni discriminación, además de ser una obligación que entiendo ética, seguro traerá mejores resultados para todos.  
     
  • Propiciar un trabajo colaborativo: En tiempos de crisis ya todos nos sentimos en alguna medida ¨amenazados¨. En este sentido, construir procesos de trabajo y de relacionamiento interpersonal en los que prime la colaboración y la sinergia puede ser muy positivo. Posicionar el concepto de ¨estamos todos juntos en esto¨ por sobre todas las cosas. 
     
  • Ser honestos con nosotros mismos: Probablemente las mismas preocupaciones e inquietudes que atraviesa nuestro equipo, también las tengamos nosotros. Una vez que tomemos conciencia y normalicemos que esto nos puede suceder, intentemos habilitar espacios personales o propiciar vínculos de confianza con nuestros pares o superiores para conversar al respecto, y canalizar de forma sana nuestras propias inquietudes.  
     
  • Aceptar que somos humanos: Amigarnos con la idea de que nos vamos a equivocar, de que vamos a tastabillar y a mostrar quizá nuestra parte más vulnerable. Probablemente tengamos días buenos y otros no tan buenos, y no está mal que nuestro equipo nos vea así, eso también es mostrarnos reales y empáticos con nuestros equipos, no somos máquinas perfectas. 
     

De nuevo, estas son mis experiencias desde mi lugar subjetivo como líder en una organización y también como persona que quiere lo mejor para sí misma y para quienes día a día eligen ser parte de nuestra empresa.  

No son ni pretenden ser pócimas mágicas, pero sí son aspectos que en mi día a día intento poner en práctica y visualizar de alguna forma como caballitos de batalla en este camino. 

Mi invitación, también, es a que estemos en constante revisión de nuestro accionar. Que nos aceptemos tal cual somos, sí, pero que también seamos críticos y adoptemos una actitud constructiva para ser la mejor versión de líderes que podamos ser, sea cual sea el contexto que nos toque atravesar.

Y recordar que, como dice el poema de Antonio Machado, “…caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”